octubre 14, 2008

La farsa de la Unión Norteamericana (NAU)

Posted in Politica a 11:07 pm por 180sur

Nada mal para un plan que ni siquiera existe. ( National American Union )

La teoría conspirativa de la Unión de Norte América o North American Union (NAU) como es conocido en inglés, es un ramal de un convenio trilateral, ése sí auténtico, denominado el Acuerdo para la Seguridad y la Prosperidad de Am érica del Norte (ASP AN). Cultivada por temores xenofóbicos y el oportunismo político, la NAU no tardó en rebasar a su progenitora de existencia real. La confusión entre ambas ha hecho difícil distinguir los hechos. Un poco de historia ayudará.

El salto imposible del ASPAN a la NAU

Luego de que el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) entró en vigor en 1994, los tres gobiernos signatarios iniciaron pláticas para la expansión de los alcances del convenio. México, en particular, esperaba negociar una solución al problema fronterizo/migratorio. Sin embargo, el proceso se vio frenado en seco por los ataques terroristas contra el World Trade Center en Nueva York.

Finalmente en 2005, en una reunión cumbre entre los Presidentes George W. Bush y Vicente Fox y el Primer Ministro Paul Martin en Waco, Texas, los planes para una integración estrecha entre los tres países avanzaron con el lanzamiento oficial de la ASP. En el contexto político posterior al 11 de septiembre, la inmigración quedó fuera de las negociaciones. Los intereses de seguridad estadounidense, junto con las metas corporativas de obtener términos aún más favorables para la inversión y el comercio regional, pasaron a dominar la estrategia.

A medida que los poderes ejecutivas de Canadá, Estados Unidos y México conspiraban para expandir el TLCAN a espaldas de tres pueblos escépticos, un comité especial independiente patrocinado por el Consejo de Relaciones Internacionales hizo circular la idea de una integración más estrecha bajo la denominación de Comunidad Norteamericana. Su ponencia, publicada en mayo de 2005 y financiada por Archer Daniels Midland, Merrill Lynch e Yves-Andres Istel, no la escribió una red clandestina de conspiradores contra la soberanía de Estados Unidos, como los críticos de la NAU quieren hacernos creer, sino un grupo de gente seria, principalmente ex funcionarios gubernamentales y representantes de las grandes empresas.

Este grupo percibía la integración regional como la creación de una “comunidad” que compartiera fines comerciales, ambientales y de seguridad. Propone sacrificar los instrumentos de la política nacional en aras de objetivos regionales en aspectos como la creación de un perímetro común de seguridad, un tribunal permanente del TLCAN que dirima controversias, ampliando el Tratado a sectores restringidos o excluidos, y la adopción de un acuerdo sobre recursos y una estrategia energética conjuntos. En efecto, algunas de estas recomendaciones pueden muy bien amenazar la democracia en las tres naciones. Pero el informe no plantea la adopción de una moneda común ni tampoco un solo gobierno regional, y de hecho declara que una “unión” en términos similares a los de la Unión Europea no es el enfoque acertado para América del Norte.

La ponencia fue un ejercicio académico que pretendió alcanzar a quienes elaboran las políticas. Si bien algunas de sus recomendaciones fueron recogidas en las pláticas del ASPAN sobre todo en cuanto a sugerencias sobre cómo mejorar los negocios transnacionales, muchas de ellas perdieron fundamento ante la realidad y tomaron el camino de la vasta mayoría de recomendaciones sobre políticas.

Por otro lado, el ASP AN estableció grupos de trabajo, reglas, recomendaciones y acuerdos que han causado un formidable—y casi ignorado—impacto sobre las reglas y políticas existentes. Se trata de una compleja red de negociadores que trabajan sin supervisión del congreso estadounidense, sin derecho del público a la información y sin participación de la sociedad civil. No obstante, el mundo corporativo está ampliamente representado; al organismo asesor del ASP AN, llamado “Consejo para la Competitividad de América del Norte”, lo forma un verdadero “Quién es Quién” de las mayores transnacionales con sede en el continente.

Aunque la falta de transparencia y la agenda corporativa y de seguridad dominada por Estados Unidos son causa de gran preocupación, no constituyen evidencia de una conjura para instituir una Unión Norteamericana. Entre las conjeturas más extravagantes de quienes fomentan el miedo a la NAU, está el alegato de que el ASP AN amenazará la soberanía de Estados Unidos de América y eliminará las fronteras. La idea de una unión regional que suprima la soberanía estadounidense se encuentra a años luz de la política de Bush de acción unilateral y desdén de las instituciones y las leyes internacionales. Muy al contrario, los preceptos de política exterior de la administración Bush señalan a un regreso a la creencia neoconservadora de que el mundo sería un lugar mejor precisamente si el gobierno de Estados Unidos lo manejara todo.

Amenazas verdaderas e imaginarias

Un estudiante de licenciatura en ciencias políticas podría decirles quién prevalecerá si negociadores de Canadá, Estados Unidos y México se reúnen para establecer una estrategia común (una pista: no será México, ni Canadá). Descrita oficialmente como “… una iniciativa encabezada por la Casa Blanca entre Estados Unidos y las dos naciones con las que comparte fronteras—Canadá y México—para aumentar la seguridad y fomentar la prosperidad entre los tres países por la vía de una mayor cooperación”, el ASP AN presenta una amenaza mucho más palpable para la soberanía de los dos socios menores del TLCAN. Los canadienses son quienes más activamente se han opuesto al ASP AN, no por miedo a una NAU mítica, sino ante amenazas reales a su capacidad de proteger la salud del consumidor, sus recursos naturales y el ambiente. Las reglas del ASP AN obligarían a la apertura a la producción petrolera en áreas ecológicamente delicadas y canalizarían el abastecimiento de agua hacia las necesidades de Estados Unidos. De igual manera, las organizaciones cívicas mexicanas han protestado contra las presiones, provenientes del ASP AN, para la privatización del petróleo mexicano y la facilidad para una mayor intervención de Estados Unidos en el sistema de seguridad nacional de México.

Ambos temores se han hecho patentes en los últimos meses. Se espera que el presidente Felipe Calderón anuncie cualquier día de éstos un plan para privatizar sectores de la empresa petrolera paraestatal PEMEX. El Plan México (también conocido como Iniciativa Mérida), actualmente en estudio por el congreso de Estados Unidos, va muchísimo más allá que cualquier otra medida en la historia de la relación binacional hacia el desarrollo de un (así llamado) perímetro común de seguridad, dentro del cual equipos gubernamentales de Estados Unidos y empresas contratistas de defensa privada capacitarían fuerzas de seguridad, coordinarían la acumulación de inteligencia y proporcionarían equipo de defensa para su empleo contra amenazas internas. Pocos países en el mundo han mostrado esta disposición para asumir esta clase de riesgo.

Por lo que toca al avance hacia una América del Norte sin fronteras, los años transcurridos desde la implantación del ASP AN han demostrado un endurecimiento de la frontera entre Estados Unidos y México nunca antes vista en la historia moderna. Quince mil agentes de la Patrulla Fronteriza, 6,000 miembros de la Guardia Nacional y un muro fronterizo desmienten poderosamente cualquier idea de que el gobierno estadounidense se proponga eliminar fronteras al mismo tiempo que avanza hacia una secreta Unión Norteamericana.

¿Cortina de Humo de la Derecha?

Entonces, ¿cómo se explica el hecho de que la conspiración de la NAU se ha extendido como un virus entre los populistas de la derecha en Estados Unidos?

¿Cómo explicar que un mito sin base alguna ganara el respaldo de millones, entrara a los debates de los candidatos presidenciales y se convirtiera en objeto de 20 resoluciones estatales y una resolución federal?

Dada la carencia absoluta de información fehaciente que reafirme la existencia de un plan secreto para crear una Unión Norteamericana, es tentador suponer que la alarma de la NAU se haya hecho correr como una cortina de humo que distrajera la atención de los asuntos que verdaderamente confronta EEUU. Al canalizar las inseguridades de los trabajadores estadounidenses blancos hacia la creencia en un ataque contra la soberanía de Estados Unidos, el mito de la NAU oscurece las realidades que el TLCAN ha generado: pérdida de empleos, inseguridad laboral, la oleada de inmigración ilegal, y tensiones raciales que resultan de presentar a los inmigrantes como si fueran invasores. Lo anterior es conveniente tanto para los políticos derechistas como para las élites gubernamentales y empresariales a los que los primeros atacan, porque entre las verdaderas soluciones a estos problemas se hallarían medidas que para la derecha son anatema, incluyendo la sindicalización, la aplicación efectiva de los derechos laborales, una reforma migratoria comprehensiva y la regulación del mercado internacional. En cambio, entonces, las opciones de solución son descartadas mediante la redefinición del problema como una conspiración de élites antiestadounidenses.

Pero adherirse a una teoría conspirativa para contradecir otra teoría conspirativa sería absurdo. Es improbable que la cortina de humo de la NAU se haya cocinado en un solo lugar. El mito de la NAU aprovecha y explota tradiciones y temores profundamente arraigados de muchos estadounidenses y así se ha ganado un público de tal magnitud; un público predispuesto a defender comunidades ficticias contra amenazas externas, antes que enfrentar la compleja labor de desenredar la madeja de contradicciones dentro de sus comunidades reales, producto de un modelo de integración económica que genera inseguridad y desigualdad.

En este contexto, la indignación contra una NAU inexistente no debe confundirse con la crítica creciente a la Asociación para la Seguridad y la Prosperidad. El ASP AN ha procedido a modificar estatutos de regulación nacionales, y a crear comités empresariales cerrados sin la participación de voces laborales, ecológicas ni ciudadanas. Las negociaciones del ASP AN aseguran un vehículo para incrementar la integración corporativa que ya ha eliminado empleos, empobrecido a trabajadores y amenazado al ambiente a través de las fronteras.

También ha servido para extender la peligrosa doctrina de seguridad de Bush tanto a Canadá como a México, no obstante su falta de popularidad en esos países y entre el público estadounidense. Su último vástago, la llamada Iniciativa Mérida o Plan México, con un costo de $1,400 millones de dólares, expandiría un modelo militarizado de lucha contra los problemas reales del narcotráfico y el contrabando de seres humanos, que conduciría a mayor violencia y extremas tensiones binacionales.

La NAU es una cortina de humo: su propósito es distraer nuestra atención de los problemas internos que tienen más que ver con capas de políticas contradictorias y desafíos desatendidos que con cualquier tipo de conspiración contra Estados Unidos.

Ya es hora de separar las amenazas falsas de las auténticas. Una buena forma de empezar es exigir transparencia en las pláticas tripartitas (el 21 y 22 de abril próximos en Nueva Orleans), y un debate público informado sobre la integración regional.

Laura Carlsen (lcarlsen(a)ciponline.org) es Directora del Programa de las Américas enwww.ircamericas.org. Puede encontrarse el blog del Programa de las Américas/México enwww.americasmexico.blogspot.com.

Para usar este artículo, favor de contactar a americas@ciponline.org. Las opiniones expresadas aqui son del autor y no necesariamente representan las opiniones del Programa de las Américas o el Centro para la Política Internacional.

Recursos

Material relacionado del Programa de las Américas:

Enfrentando al TLCAN
http://www.ircamericas.org/esp/4873

TLCAN, desigualdad e inmigración
http://www.ircamericas.org/esp/4747

¿Guerra contra el narcotráfico o la militarización de México?
http://www.ircamericas.org/esp/4377

Extendiendo el alcance del TLCAN
http://www.ircamericas.org/esp/4523


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